Tanto tiempo pasó navegando entre sombras,
que ahora el viejo embarcadero no reconoce quien fue.
Saltos mortales, cuerpos, promesas y cien mil horas,
destrozaron por completo las dos alas de Gabriel.
Dulce es la visión que aparece entre visillos,
el sacro cuerpo masculino que te convirtió en mujer,
pero aquello forma parte del pasado,
y en los fugaces pasillos de tu memoria
restan cobres atardeceres, risas momentáneas…
y tu deseo más profundo por alcanzar las nubes…tras renacer.
Dejo a tus pies este milagroso espejo,
para que por fin alcances la luz,
con tu reflejo de magníficas vidas pasadas
vislumbrarás el divino porvenir,
sin odios, rencores, angustias o miedos
probarás, mujer, las delicias de ser amada,
allá donde el loto desvirga su capullo en su máxima plenitud.