El sendero dorado

El sendero dorado por el que caminamos,

desapareció sin más…¿Y a dónde fué?

Esa boca pequeña que recitaba tus versos,

se transformó en dientes apretados, resecos…con hiel.

Una horda de ángeles desholla su desgracia,

ocultos en la penumbra, quemados por el sol.

Y bajo los focos las princesas rellenan instancias,

entregando sus frágiles cuerpos, rendidas al mejor postor.

De aquella inocencia no queda sino visos,

completamente encriptados en cada conversación,

sacrificamos la decencia a cambio de seguir vivos,

y ya nadie supo que fué de nuestra canción.

Las flores que solía regar en nuestro jardín,

se secaron con el paso de los años.

Extenuando nuestros cuerpos sin cuartel, sin fin,

son cenizas que acompañan cada uno de nuestros pasos.

El sendero dorado por el que caminamos,

desapareció sin más…¿Y a dónde fué?

Y esa boca pequeña que recitaba tus versos,

se transformó en dientes apretados…resecos…con hiel.

Published by: Juan Codorníu

Escritor, pensador, crítico. Alma que no entiende pertenecer a un lugar concreto, pero activo partícipe en todo lugar. Creador, orador, rebelde. Ser reaccionario ilustrado en la ignorancia, del saber que todavía tiene una vida por aprender.

Categories PoesíaDeja un comentario

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