Cuando la imaginación dominaba la infancia.

A propósito de una ficción cinematográfica a la cual tengo gran estima, “Cuando los dinosaurios dominaban la tierra”, aprovecho la ocasión para hacer un sincero ensayo sobre el actual desencanto, y el posible peligro futuro de la infancia contemporánea.  Ríos de tinta, debates sensacionalistas y algún que otro serio análisis se han realizado en los medios de comunicación, pero prefiero dejar todo ese circo a un lado para exponer mis temores más profundos.

Una sentida mezcla de orgullo y añoranza viene a mi memoria, al recordar mi niñez. Cuando gracias a la “bendita inocencia”, luchaba a capa y espada por coronar el beneplácito de mi madre, para poder quedarme “cinco minutos más” (a saber, tanto tiempo fuera posible), en el parque jugando con pistolas modeladas con el papel de plata, que envolvía el bocadillo de chorizo, salchichón, queso o mortadela. Éramos piratas, vaqueros, indios o los mas bravos defensores de la tierra, frente a la invasión de una horda de extraterrestres. Tute, mate, guá…

Y hoy para mi propio asombro, soy yo quien se siente el extraterrestre al ver a los chiquillos enfrascados en compartir videoconsolas, teléfonos móviles de última generación, manejando ordenadores como si del propio señor Spock se tratara, incapaces de gastar tiempo y esfuerzo ya no solo en estrujar su imaginación sino peor aún, tratando el bendito hábito de la lectura por una grandísima perdida de tiempo. Para mi asombro y estupefacción, en más de una ocasión con el beneplácito de sus padres.

Pero acabo de horrorizarme al leer como el creador de la red social Facebook, propone firmemente (convencido sin duda alguna, de que lo conseguirá), disminuir la edad de acceso actual fijada, para menores de trece años. ¿Acaso será cierto que para muchos, pero muchos, padres y madres les es más cómodo tener a sus hijos enganchados a una pantalla, que dedicar su vida a la educación de los mismos? Si es así nos encontramos ante un titánico problema social, el cual radica y falla desastrosamente en sus cimientos familiares.

Dejo estas líneas para el análisis y reflexión individual de cada un@, volviendo mi vista atrás con humildad y alegría recordando aquel tiempo cuando la imaginación dominaba la infancia.

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