Juan Alcaide Sánchez. El poeta olvidado.

El futuro se escribe tras hacer recuento de todo cuanto ha sucedido previamente, no cerrando las puertas sin más. Por eso no conseguimos avanzar. Harán falta tres generaciones por delante, para disponer de una visión clara, concisa y objetiva de todo lo acaecido durante la vergonzosa guerra y dictadura franquista. Seguimos a día de hoy, condicionados por los temores de nuestros padres, y dos generaciones que crecimos bajo la doctrina del “cuidado con lo que dices o haces, que por menos murieron millares de padres contra hijos, a lo largo de la guerra.” ¿Vergonzoso? Sí. ¿Comprensible? Inevitablemente.

Pero vayamos a lo que nos atañe en este texto. Los olvidados y/o menospreciados por los libros de historia. Aquellos que cayeron en saco roto a grandes rasgos, independientemente del valor reconocido a nivel autonómico ó local. ¿Cuántos poetas, cuantos valientes se atrevieron a escribir cuanto pensaban, sufriendo en sus carnes la desidia, viéndose obligados a gestar ciertas obras acordes al corte fascista, con el único objetivo de poder llevarse algo a la boca? Miles, desafortunadamente miles.

Uno de estos casos con el cual dispongo algo más que una profunda admiración, y que evidentemente por motivos propios no pienso desvelar, un hilo conector intimo y personal es Juan Alcaide Sánchez. Su historia, accesible a cualquiera a través de Wikipedia, podría ser equiparada sin problema alguno a cualquier tragedia griega que se precie. Hijo de un labrador manchego, el cual se casó y vivió conjuntamente con su mujer y la hermana de esta, falleció antes de que el pequeño poeta naciera en 1907.

Así la madre biológica de Alcaide, hago énfasis en esto, decidió darle por nombre el mismo que su marido fallecido. Juan Alcaide Sánchez se crió entonces en Valdepeñas, actualmente conocida a nivel internacional gracias a la diversidad y calidad de sus caldos, creciendo al arrope de sus dos “madres”. La biológica y la hermana de esta, a quién también otorgó orgulloso dicho valor, ambas costureras de conocida notoriedad en su tiempo, ya que por aquel entonces trabajaban para una empresa que ganaría prestigio estatal con el paso de los años, El Corte Inglés.

Alcaide destacó con clara evidencia en sus estudios desde bien joven, al tiempo que formó dentro de su localidad su propia cuadrilla intelectual. Así Vicente López de Lerma, Gregorio Prieto, y Carlos Muñoz Díaz estarían presentes en la vida del poeta en sus diversas etapas. Primero consiguiendo por parte del Ayuntamiento una triple beca magistral en estudios universitarios, junto a Vicente y Carlos, al haber conseguido en todos sus casos el máximo reconocimiento. Abriéndoles paso a poder cursar en Ciudad Real sus estudios. Juan Alcaide Sánchez, Carlos Muñoz Díaz y Vicente López de Lerma se gradúan en Magisterio. Ya por entonces forman todos parte de la llamada “generación del 27”, manteniendo una gran amistad y correspondencia con Lorca y Machado.

Trabaja como maestro en la ciudad que lo vio nacer durante años, mientras prepara un compendio de poemas para su primer libro, el cual acompaña con ilustraciones de Gregorio Prieto por quien siente un profundo respeto y admiración. Digo esto ya que si nos trasladamos a la sociedad manchega de por entonces, la exclusión a la cual es expuesto Prieto es evidente, su homosexualidad era conocida por todos aunque él jamás la reconociera. Alcaide es un avanzado a su época, no comprende de distinciones por inclinaciones personales, se aproxima y relaciona con la cultura independientemente de prejuicios sin sentido. Malas lenguas atacarán la imagen del poeta calificándolo de rojo y maricón tiempo después. Aunque no es algo que deba sorprendernos. Lorca, Machado y tantos otros y otras sufrirán el mismo yugo. La demagogia sin sentido contra la cultura y la razón.

Son buenos y prolíficos tiempos para el joven poeta-maestro, quien consigue ganar unas oposiciones en 1931, trasladándose a vivir a un pequeño pueblecito Mouruás (Ourense).En 1934, tras publicar “Llanura”, le conceden el traslado a Puerto Lápice en Ciudad Real, regresando a la tierra que tanto quiere.

Estalla el golpe de estado, lo que comúnmente se conoce como la guerra civil. Alcaide se niega a ir al frente, quedando en “bando republicano”, mientras alguno de sus amigos se posiciona. Sufre y ve sufrir a sus congéneres las miserias de una guerra, colaborando en revistas para el frente, mientras escribe un compendio de poemas en homenaje a su gran amigo Federico García Lorca, “Mimbres de pena.”

En 1939, tras la victoria de las tropas franquistas es suspendido de empleo y sueldo por la comisión depuradora del Magisterio en Ciudad Real, durante algunos meses. Cae en una terrible depresión y una profunda crisis personal. Son  tiempos oscuros, difíciles, confusos.

Es desde 1941 a 1944, ejerciendo su cátedra de lengua y literatura, primero en Valdepeñas y luego en Puerto Lápice, cuando aparece “Ganando el pan”, su libro más polémico y controvertido. Alcaide persigue su propia expiación sin sentido con locura. Así en su poema Crucifixión:

“Me están doliendo en la boca

Los besos que no te he dado.

¡Cúrame de esta tortura!

¡Ven a descrucificármelos!

Moviliza tus bandadas

De golondrinas de marzo.

Súbelas sobre mi Gólgota.

Muéstrales mi Viernes Santo.

Que me sorban mis espinas.

Que debiliten mis clavos.

Que puncen de viento amante

La cerrazón de mis párpados.

Verónica de mi rostro,

Sáname de tu contacto…

¡No puedo ya con más muerte

De mis labios sin tus labios!”

Y es también durante este periodo, alrededor de 1943, cuando disfruta de la compañía no solo de sus madres, sino de su ahijada a la cual bautiza como Maria del Mar a quien quiere como si de su propia sangre fuese. La adoctrina con fervor en todas las artes a las cuales la pequeña pueda tener acceso, dándole al mismo tiempo una libertad mental y creativa importante. Ella vivirá a su lado hasta pocos meses antes del fallecimiento del poeta.

En 1945 publica “Poemas de la cardencha en flor” y en 1947 “La trilogía del vino”. Alcaide ha recobrado su esencia más pura, disfruta sin lugar a dudas de cada día, pues a pesar de las penurias que supone la vida en un estado opresor y asesino, la luz de su ahijada barre para él cualquier signo de tristeza.

En 1948 toma posesión en la Escuela Unitaria de Niños, número seis en Valdepeñas y en 1950 ingresa en el Instituto de Estudios Manchegos. El ayuntamiento de Valdepeñas le nombra hijo predilecto. Pero el retorno de su ahijada con sus padres marca el punto de inflexión. El médico de la família le diagnostica una tuberculosis, y tras recibir por carta la negativa de la madre de su ahijada en cuanto a enviarla de nuevo con él, fallece a los pocos días tras negarse a recibir tratamiento alguno.

Juan Alcaide Sánchez fallece en la ciudad que le vio nacer el 12 de Julio de 1951.

Hablaba al principio acerca de cuán necesario es hacer recuento de lo sucedido en la historia reciente. También sobre cuántos poetas quedan todavía no tan solo por descubrir, sino algo más destacable e importante. Por reconocer.

Juan Alcaide, sin lugar a dudas vivió una tragedia griega en toda regla. Pero más allá de sus circunstancias, por encima de su necesario reconocimiento dentro de la “Generación del 27”, e incluso por la polémica etapa de fervor religioso queda su personalidad, su obra.

Obra la cual trasciende por encima de tiempos o lugares, rica tanto en forma y fondo. E invito a todo el mundo a leerla y sorprenderse por su frescura y brillante delicadeza. Pues gracias a toda su antología podemos deleitarnos por su maravillosa valentía contra mareas ideológicas. Poniendo por bandera el ensalzamiento de la belleza en la cotidianeidad.

Published by: Juan Codorníu

Escritor, pensador, crítico. Alma que no entiende pertenecer a un lugar concreto, pero activo partícipe en todo lugar. Creador, orador, rebelde. Ser reaccionario ilustrado en la ignorancia, del saber que todavía tiene una vida por aprender.

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