Ser “cool” o ser auténtico

  Vivimos en el siglo de la tecnología, eso es un hecho innegable que además avisa por continuar su desarrollo hasta cotas inimaginables. Todos, en diferente mesura dependiendo de cada una de nuestras necesidades, hemos integrado el uso de las redes sociales en nuestras vidas. Algunos para aprovechar la abrumadora facilidad para disponer de datos privados que son facilitados en las distintas publicaciones, raza, sexo, edad, preferencias y gustos de todo tipo compartidos sin rubor alguno utilizados luego por múltiples corporaciones de marketing financiero, en muchos casos sin necesidad de requerir previamente la aprobación del usuario base. Tratamos por tanto de un sistema de captación de clientes ya puesto en marcha y con una eficacia superior a cualquier otro efectuado hasta hace poco, recordemos el estrepitoso fracaso que supuso la compra-venta de datos a fuentes bancarias o financieras por parte de agencias de marketing y publicidad en los gloriosos años del tele marketing en España. La mediana y gran empresa aprendió de este error para dirigir su mirada hacia el entramado “virtual” tan extendido hoy en dia, espacio el cual no dispone actualmente de dispositivos legislativos suficientes para garantizar la privacidad del usuario final. Pero este es un tema demasiado complejo y controvertido para ser tratado en breves líneas. El leit-motiv de esta publicación es otro, más acorde con mis intereses humanistas. Hablamos de la creciente perdida de comunicación humana. Me explico. Que la actual Red 2.0 es un dispositivo ágil y eficaz para la publicación y expansión de prensa independiente, nuevos escritores y pensadores es algo tácito y sano. Ya que a mi entender abre un abanico inmenso tanto a creadores como a consumidores para la crítica mas mordaz de cuanto sucede a nuestro alrededor. Si bien en la Grecia Clásica encontrábamos el teatro como mecanismo de oxigenación democrático hoy recurrimos a las fuentes informáticas. El problema a mi modo de ver es el sobreuso que efectúan las generaciones más jóvenes de estos canales de comunicación. A saber, cualquier tipo de suceso cotidiano debe ser reportado de inmediato en un “muro” de Facebook o “tuiteado”. Cuando el usuario está más pendiente de escribir una cronología de su día a día,  desde que se levanta hasta que se acuesta en estas redes, no es que obvie por completo su privacidad, que lo hace, sino que antepone su imagen “pública” ante millones de extraños cibernéticos a su propio desarrollo interior. Hablamos muchas veces de la actual “generación perdida” debido a la crisis económico-social, cuando deberíamos preguntarnos cuál va a ser el tipo de comunicación humana en un futuro no tan lejano. Puede parecer una majadería, pero el hecho de que hoy por hoy los niños crezcan con una habilidad superior en el manejo, no tan solo de dispositivos informáticos sino de teléfonos de última generación, me asusta. Me asusta el hecho de que prefieran esta comunicación individualista al contacto humano, que estén mas pendientes del qué sucede en una pantalla de cristal líquido a todo aquello qué les envuelve. Estamos permitiendo que toda una generación se esté entregando a la superficialidad, mientras sufrimos una de las mayores crisis identitarias que la historia ha conocido. Y no me refiero tan solo a nivel local, sino mundial. Es momento de ir contra corriente, de no dejarnos embelesar por la inmediatez electrónica, pues sin lugar a duda ésta es otra forma de control. Tal vez lo que acabo de exponer no sea demasiado “cool”, pero puedo irme a dormir cada día con la conciencia tranquila al saber que prefiero exponer lo mínimo acerca de mi mismo, y quedar con un amigo para charlar durante horas. Eso es ser humano, y por desgracia hoy por hoy, es ser “auténtico”.

Published by: Juan Codorníu

Escritor, pensador, crítico. Alma que no entiende pertenecer a un lugar concreto, pero activo partícipe en todo lugar. Creador, orador, rebelde. Ser reaccionario ilustrado en la ignorancia, del saber que todavía tiene una vida por aprender.

Categories Editorial,Ensayo1 comentario

One thought on “Ser “cool” o ser auténtico”

  1. ¡Vaya! ¡No soy la única! He tratado de hacer algo de lógica para comprender cuál es la finalidad de Facebook y Twitter…
    Y vaya que he encontrado que el primero es un mundo fantástico (literalmente) donde todos quieren salir bien en las fotos que se toman por lo menos tres veces por semana, presumen de su fabuloso estilo de vida (¡nadie sufre en Facebook!) y desde luego, tienen “valiosísimos” amigos. Es verdaderamente estúpido. ¿Qué tipo de relaciones son esas? No hay tales. Y sí, no existe nada mejor que una taza de delicioso café humeante para compartir con buenos amigos y su charla.
    Y del segundo, pues a menos que en efecto sea uno figura pública, me queda claro que no tengo 124 caracteres interesantes para comunicar cada cuatro horas sobre mi pequeña existencia y menos tres pelagatos a quien les importe.
    No solo son medios enajenantes, sino que fomentan la sensación de egolatría.
    Siempre es un placer leerte. Saludos.

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