Deseos de muerte

Cuando el aire suena a llanto y cualquier intento de ayuda es menospreciado, vuelven los deseos de muerte. Aquella que aseguraría la paz, para sí, para todos. Acechan atentos en las sombras, y a plena luz, susurrando su demente oferta a lo largo y ancho de su masa encefálica, ajada y cansada como si de un viejo lobo que ya ha dado todo se tratara. Y lucha con todas sus fuerzas, aquellas que tuvo, las pocas que quedan y las que restan en las esquirlas de aquello que anteriormente fue su alma. Maldice su existencia y cada poro que lo recubre, pues qué sentido tiene mantener vivo su cuerpo cuando es tan solo un objeto animado, incapaz de ofrecer el consuelo y reposo que debería suponer. Pero es cobarde ante la tentativa, y ante cada una de las opciones que le invaden sin cesar desearía disponer del valor de una pistola, fría y limpia tras ser accionado el percutor. Le invade la niebla, esa maldita niebla, que trae consigo el desespero, la confusión queda paralizado, eternamente inmóvil, como la estatua de piedra ante el jardín botánico. Un simple observador, vacío y desgastado, tal como el polvo que recubre todos los rincones de su otrora, ahora inhabitada, mansión interior. Allá donde jugaban sus musas, los deseos valientes, la irreverente vida que antaño recorría sus venas. Ahora son autopistas que hierven por un desolado sol , cubierto por un inmenso manto de tristeza que se arremolina como si fueran nubes, las cuales, sabe bien, van cargadas de tormenta. Intenta gritar, pero su voz ya no es suya pertenece al silencio, vive bajo el yugo de la impotencia que se adueñó de todo cuanto fue.

Repasa su vida.¿Vida? No. Él nunca ha vivido, tal vez disfrutó, en ciertos momentos, de la mascarada de un baile, que lentamente le movía en intervalos, haciéndole creer que todo iba bien. Pero el ritmo cada vez era mas y mas frenético y llegó un instante el cual sus pies ya no pudieron seguir el compás.

Y mira a izquierda y derecha, tratando de saltar atrás, viendo el abismo pero este es tan enorme que lo engulle otra vez mas. No hay nadie a su alrededor, ya no queda nadie, y percibe la violencia de su ultrajado interior. No quedan palabras, no quedan deseos, tan solo el vacío y el cañon de una pistola como único sueño.

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