El horror

Inmóvil, aterrado en silencio calla. Envuelto por un invisible muro de fuego quisiera girtar y enmudece. Terrores ancestrales le cosen los labios mientras su cuerpo tiembla en soledad, aquella que le aleja de sus seres queridos. Por más que se sienten a su lado el vacío se ha hecho con su voluntad.

Revive estos fatales momentos, experimentados hace tiempo,¿cuánto tiempo? tanto… Tanto dá pues vuelven a ser amos de su frágil mente.

No hay nadie, se repite, no hay nada allá afuera que temer. Y aún así está catatónico, temblando por cada segundo que pasa. Ruega a su fuero interno por salir del laberinto de procesos neuroquímicos que distorsionan su realidad.

Su psique alterada desearía tener alas, escapar de la macabra visión que rodea sus paredes, todas ellas, sean sensibles o no.

Siente odio, tanto odio, rencoroso y nauseabundo. Por sí mismo, incapaz de luchar contra algo inexistente. Es la soledad del corredor de fondo consciente de que el destino, aún habiéndolo alcanzado préviamente, es cada vez más difícil de lograr.

Ansía recobrar su capacidad de raciocinio, el poder discernir lo real de lo irreal. Mientras, vacía su angustia en la tinta que ahora escribe, deseando que algo claro haya podido reflejar.

El reflojo en el espejo no es el suyo, es incómodo. Como una versión preliminar a sí mismo. El boceto maldito de Dios.

Luego quedan los años que lo han ido debilitando y, maldice el paso del tiempo  ¿qué será de sí cuando llegue la vejez?

El horror, el horror…Decía Kurtz con razón.

El horror…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s