Confucio 2.0

“«Los que se dedican a la política hoy en día, ¿qué tal son?». Y el Maestro dijo: «¡Ay! Gente de poca talla; no hay que contar con ellos.»” Confucio.

Pues pocos valores requieren aquellos que con retórica embelesan a las mentes frágiles, dando giros en sus argumentos a merced de poniente con tal de contentar a cualquiera. Son ellos polígamos en cuanto a principios, cortesanas de los vientos según hacia donde estos soplen. No necesitan tener en su haber un gran conocimiento ante las distintas idiosincrasias, siempre les acompañarán todo un séquito de chambelanes que eviten su implicación ante el sufrimiento ajeno, habiéndose hecho éstos últimos con los detalles más relevantes y/o escabrosos, cuantos más mejor, de cada una de las tragedias particulares. Y así el gran salvador tan solo deba preocuparse por aparecer, idílicamente retratado en los titulares que venden su incuestionable implicación e inmediata actuación, con su gesto conturbado ante el problema. ¡Pobre de aquel pobre que atendiendo a la ingenua buena voluntad, que reside dentro de cada uno, acuda con total convicción a sus brazos! Se nutren este tipo de seres del regocijo contínuo de su propio ego (siendo éste enorme, desproporcionado al de cualquier persona normal), de tal modo que he llegado a escuchar de los problemas por atravesar ciertas puertas a más uno de ellos. Tal vez no se tratara de cabezas que accedan a delicados palacios o teatros, quizá sí aquellas que dan paso a comedores sociales donde cientos de almas sueñan por un presente mejor.¿Acaso la ópera de los olvidados no suena con suficiente ternura, tanta como para conmover los músculos armados en cemento de aquellos que, por contra, se deshacen en elogios ante una simple nota al aire de Puccini? Es la magna hipocresía de la política que ilusiona y desespera a la par al ciudadano de a pie, dado por defecto a dar por válidas todas y cada una de las supuestas promesas hechas por dicho gremio. Mas no temáis por vuestra dicha pues no corre por vuestras venas el veneno que, lentamente a lo largo de los años, va corroyendo sus mentes transformando sus cuerpos en meros recipientes inertes de cualquier tipo de sentimiento. Me preguntareis cual debe ser la suerte de sus progenitores, aquellos que sin duda habrán llevado esfuerzos titánicos para ver como sus retoños alcanzaban sus objetivos, convertidos tras muchos años académicos en brillantes referentes sociales. Sienten un tremendo vacío al comprobar; tras rascar un poco dentro de sus propios engendros; que no contemplan diamantes sino carbón oscuro como la peor de las noches.Así os encomiendo cuidar con mimo y temple cada uno de los segundos de vuestras vidas, pues si bien es necesario el disponer de monedas con las cuales pagar a Caronte por sus servicios, cuando llegue el momento de partir, más importante todavía es haber adquirido suficiente conocimiento; con el cual disfrutar de una vida plena y satisfactoria, pudiendo apreciar así la belleza de todas y cada una de las cosas que nos rodean.

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