Las tres etapas del conocimiento

Llegaban ecos indeterminados, reconocidos, aunque extraños, pues por más que permitiera que el pequeño caracol anidado en mi oreja se acomodara en la espiral que formaba el sonoro viento, me susurraba asegurando tratarse dichas ondas de una proyección mía cierto tiempo después. Este cierto tiempo, digamos que fuera corto aplicando un valor espacial, albergaba mi caparazón cognitivo asolado por lo que parecía haber sido el paso de un tsunami. Y curiosamente, por algún extraño o místico truco sensitivo visualicé mi propio cuerpo estático, arrodillado con las manos hundidas en la arena de una playa inmaculada por miles de corales y caracolas, en las cuales reposaban los versos con cada una de las letras originarias de dicho shock metafísico. Tal era el impacto que fue difícil reparar en ese yo vomitando agua cristalina, a través de cuyo líquido pude entender fluían aquellos valores hasta entonces dados tan por válidos que quemaban al menor contacto laríngeo. Observé cómo se fundían con el suelo, confundiéndose con los minúsculos granos en una perfecta simbiosis. ¿Pudiera ser que el agua que había tragado al paso del fenómeno ,contuviera el mismo principio tal vez remoto, como si de una idea se tratara aunque caduco y obsoleto? Si así fuera debería haber atendido más minuciosamente todo cuanto podría haber absorbido mientras formó parte de mí. Tal vez fuera por mi juventud de entonces, quizá por la inexperiencia o simplemente la desenfrenada rabia de una rosa del desierto, mirando todo su entorno con descaro no creí necesario dedicarle una reflexión profunda. Empecé a sudar preocupado, más todavía cuando advertí haber transcurrido otro ligero espacio temporal. En este segundo intervalo el entorno parecía ser el mismo, la ancha playa con el horizonte detrás de ella como símbolo perenne del devenir, aunque aproximadamente en la mitad de dicho lugar sobresalían tres enormes pedestales, sobre los cuales se sostenían tres figuras descomunales. Ninguna de ellas era reconocible, aunque sentía la certeza interna de que todas ellas constituían auténticos monumentos. Quise acercarme, caminando decididamente, para observarlas con detalle y atención, pero una vez posé mis manos sobre una de ellas pude notar como la esencia del tsunami, su principio, su idea, la cual ya formaba parte en mí fuero profundo, soplando con firmeza desató una tormenta de arena. Pero…¿cómo podía envolverme dicha tormenta en plena playa? Confuso y asustado levanté la mirada hacia lo que entendí era un foco iluminando desde el cielo. La luz se intensificó abriendo un pasillo luminoso en la tierra, el cual me recordó al camino dorado por el cual Dorothy buscó al mago. Seguí las brillantes señales para descubrir como aquellos estandartes, que ahora comprendí fueron mis ídolos desde la más tierna infancia, caían o mejor dicho se deshacían con la fuerza que arrollaba la tormenta. La más oscura de las noches invadió mi alma, sumiéndose en una infinita duda la cual incluía hasta mi propia existencia. Si todo aquello que daba por válido, por real se movía con tal fiereza…¿Quién era la persona que habitaba en aquel caparazón cognitivo cubierto por carne que tembló ante los ecos que lo envolvieron? Sin duda mi alma residía en su centro, por tanto era yo. La luz me consumió en un instante y casi inmediatamente noté que todo había pasado. La calma absoluta. Abrí los ojos con lentitud y ligereza, proyectado en alguien mejor. La fase final parecía haber llegado y con ella descubrí esta vez la playa vacía por completo. Tan solo una petaca frente a mis pies. Mi cuerpo, esta vez soberano de su propio ser, atendió al reclamo de mi espíritu y tras recoger el artefacto, desenroscó el tapón y dio un buen trago. Mis labios sonrieron al comprender que había llegado a una comunión absoluta con la tierra y el agua, pues analizando todo lo sucedido anteriormente entendí que todo formaba parte de un círculo perfecto. Yo formaba parte de dicho recorrido, donde pasado, presente y porvenir se confunden con cualquier tesis. Es el devenir del ser humano en un perpetuo aprendizaje y enseñanza.

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