Veo veo

Teenager with hands on face

Existen juegos atemporales inscritos y asumidos en el imaginario colectivo, como si de un gen se tratara. Tanto da el lugar donde uno resida, están grabados a fuego a nivel popular. Este es el caso del pilla pilla. Algo tan simple como un grupo de personas, sin importar el género, juntos en un espacio abierto transmuta en uno de los mejores divertimentos que pueden existir, y en el que tanto niños como adultos todos podemos jugar.

¿Todos? Bueno, todos no. Como bien leyéramos en las divertidísimas viñetas de Astérix y Obélix, existe un reducido aunque sonoro grupo de adultos que son incapaces de jugarlo, y peor aún, desvirtuándolo dándole un giro siniestro al cual por desgracia, acustambrándonos a soportar a unos tantos, e incluso otros muchos aceptando como algo válido.

Dichos individuos han transformado vílmente y de forma enfermiza el espíritu conciliador, de unión y glorificación de la diversidad donde prima el respeto, del nombrado juego, al simplista, malsano y enfrentada pesadilla del “tú la llevas”.

Me refiero, como bien podrán suponer, al tío vivo político de retórica sin argumentos, de frases-mensaje por titulares y de fotografías sensacionalistas contra cualquier tipo de principio.

Durante esta últimas semanas hemos podido constatar todo lo expuesto, como si de un chiringuito de helados veraniegos se tratase. Hemos presenciado de todos los colores y sabores. Para nacionalistas del tipo que sean, para votantes de derechas, de izquierdas, republicanos, ecologistas, ácratas, animalarios, de centro derecha, de centro izquierda, de disculpe, ¿sabe usted cómo puedo llegar al centro? o tute, mate y guá.

“E un mondo difficile” cantaba el maestro Tonino Carotone y menuda razón tenía. La comparecencia del presidente del gobierno español, ante la cámara de diputados es tan solo la guinda de un pastel, rancio, muy rancio y agriado, que nos obligan a comer día sí, día tambien. Mañana, tarde y noche. ¿Recuerdan ustedes la traumática escena de Mafalda con la sopa que nos mostraba el genial Quino? Pues eso, tal cual.

Yo me cago en el amor. Ese amor reverencial y venerante ante las siglas, las proclamas descafeinadas, el oportunismo de chaqueta de pana y sainete, y el tarareo de cualquier himno pero, ¡oiga usted, sáqueme bien guapo en la foto! La tarara sí, la tarara no, la tarara madre que la bailo yo.

En una carambola magistral los enviaría con Caronte, al Hades, pero no con la intención de que pudieran lograr ascender de nuevo, tal y como hizo Dante junto al poeta. No. Que se quedaran todos ellos ahí, sin posibilidad de salir, siendo pasto del salvaje castigo del cancerbero, siempre vigilante. Impidiéndoles a todos ellos escapar en ningún momento.

¡Déjennos tranquilos en nuestro patio, jugando en un infinito recreo! Al pilla pilla, a la comba, a las canicas…o al veo veo.

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