El último hombre libre

Un chorro de agua helada le devuelve a la consciencia y siente cómo cada una de sus fibras, venas, músculos y huesos agotados se encogen y hielan a la vez. Su mente trata de racionalizar lo inconcebible, puede ver a todos los congregados uno a uno desde sus hinchados ojos enrojecidos por la impotencia, al saberse ser el último hombre libre.Lo han maniatado a un poste, ni tan siquiera le han permitido poderse mantener en pié con una mínima dignidad posible.

Tiene la boca seca, tiemblan sus dientes, no tanto por el miedo como por el frío aterrador de esa noche donde silenciarán sus sueños, sus derechos y una digna vejez donde poder sonreir a sus nietos.

Piensa en Marta, su apoyo, su amor. La luz que siempre ha iluminado sus más oscuras noches. Alquimista capaz de ahuyentar sus peores monstruos o pesadillas. ¡Qué será de ella, qué será de Itziar! La estrella más brillante del firmamento a la cual ambos dieron forma y vida. Ahora ambas luces morirán sin compasión alguna. Puede ser que cuando el tiempo pase, mucho después de estas malditas horas, ambas estallen juntas o por separado y la deslumbrante constelación que surja de dicho big bang, marque un punto de inflexión. Una nueva paz para los hombres.

Guiando su rábia y determinación para que florezca un resurgir. Cuando echarán la vista atrás y jamás vuelvan a pisar la senda, que han caminado tantas veces con anterioridad. Siente flojear sus piernas derrotadas trás todo el tiempo impreciso y eterno, en el cual ha sido sometido a burlas y vejaciones, escarnios, torturas y todo tipo de descréditos o actos imaginables. Haciendo uso de unas fuerzas desconocidas para él, seguramente procedente de su espíritu, hace acopio de valentía y se sobrepone.

Un ridículo y demoníaco hombrecillo engalanado le muestra con desdén la órden firmada siquiera antes de ser tomado a la fuerza. Mostrándole una sonrisa desquiciada le anuncia orgulloso la resolución. Vas a ser ejecutado. Tu delito es la reunión y difusión de principios ilegales. La tuya es la última de todas, tras ser atendidas todas las solicitudes, pliegos y reclamaciones para tu perdón o amnistía, esputa con sorna.

¡Dí tu nombre! ladra el asesino.

No tengo nombre, articula casi sin fuerzas el sentenciado.

¡Tienes un nombre, dilo, debe constar en acta, es la ley! Vocifera el ejecutor.

Son cientos, son miles. Nacidos, muertos y por nacer. Le contesta. Todos aquellos y aquellas que defendimos nuestras tierras, no las inmundas banderas con las cuales nos quisísteis envenenar. Matásteis el pasado. Creeis zanjarlo todo en el presente. Pero el futuro es nuestro por derecho. Y haciendo uso de él acabaremos con vosotros. La memoria, la nuestra, será vuestra sentencia.

El despreciable hombre de galones escupe el suelo que tiene abajo y riéndose con sarcasmo espeta. ¡Vá, pobre desgraciado! ¿Quieres decir unas últimas palabras? No constarán jamás escritas pero me divertirá verte suplicar.

El último hombre libre expulsa con fuerza todo el horror, degradación, barbárie a la cual han sido expuestos todos sus hermanos, todos los hombres libres matados como animales.

¡Yo os maldigo! Maldigo a vuestros hijos para que sean ellos quienes os den caza. Y aquellos que sigan vuestros pasos engendren los nietos que recojan el dolor de esta tierra ensuciada y vilipendiada, por vuestra arrogáncia, vuestra locura y vuestra miséria. Serán ellos, sangre de vuestra sangre, por cuyas venas correrá la nuestra y cuando les mireis fíjamente a sus ojos vereis el fuego vengativo que arrasa con la ignoráncia.

¡Os maldigo a todos, os maldigo una y mil veces! Para cuando ya seais mayores respondáis sin misericórdia ante tribunales justos. En eternas sesiones donde jueces valedores de la memória y del critério que vosotros no teneis, os sentencien a cadenas perpétuas, sin posibilidad de ser revisadas, negándoos ninguna especie de muerte rápida o fácil. Pudriéndoos con el terror de vuestros demonios y la agonía de desconocer cuándo os llegará vuestra hora. Y en el caso de que creáis en algún dios, tener que dar explicaciones ante todo lo cometido, negándoos cualquier tipo de visión o salvación existente.

¡Yo os…!

Veinte tiros han destrozado el hermoso cuerpo del demócrata, del último hombre libre quien todavía sufre agonizante un mínimo resquício de vida.

¡Bam, bam! Dos fogonazos. Dos tiros de gracia han atravesado su cráneo. Maltrechando el maravilloso cerebro con el cual dibujaba estelas en el aire.

Ha muerto el último hombre libre. Hoy, mientras rompe el alba.

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2 comentarios en “El último hombre libre”

    1. Sí. Es totalment machadia tal i com dius, i segurament mes lorquiá en quant a obscuritat. Per desgràcia si que ho veig tot molt negre. La societat actual ha caigut en un ensomniament terríblement permisiu i caótic. I, al meu entendre, cap polític es trova a l’altura dels aconteixements. Alló que Orwell ens va advertir i front al qual es va lluitar, ha tornat ara amb molta més força i fermesa. Coneixedor que hi ha un sil.lenci absol.lut que els permet fer i desfer, amb un marge molt més ampli. Espero i desitjo equivocarme. Estimo totes les meves obres. Pero aquesta m’ha dolgut moltíssim tenirla que parir. Una abraçada gegant germà. I mil gràcies per llegir-me. Que tinguem sort.

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