Rupturas

No quieran señores políticos seguir tirando de la cuerda, pues tal y como nos cantaba LLach: “Si tú l’estires fort per aquí i jo l’estiro fort per enllà, segur que tomba, tomba, tomba, i ens podrem alliberar…”

Hace ya más de un año que decidí subir de forma pública unas reflexiones. Advertía entonces el enorme reto al cual nos enfrentábamos, pecando a mi parecer de cierta esperanza en la actuación correcta de los estamentos gubernamentales.

A medida que pasan los años mengua cada vez más la capacidad de encajar decepciones y, tal vez por ese mismo motivo, decrece paralelamente la confianza en actuaciones correctas por parte de las administraciones y gobiernos.

No deberíamos sorprendernos, o tal vez sí, ante los hechos que estamos viviendo en estos días. Vuelvo a sentir aquella detestable sensación de alienamiento social y rabia, al constatar la falta de solaridad generalizada frente a las protestas lógicas y necesarias, que se suceden gracias a numerosos grupos de personas valientes hartas de tanta represión.

Era de esperar, ¿qué pensaban?. Ellos y ellas, una gran mayoría jóvenes, conciudadanos, hartos de más de una década de penuria económica, sin opciones futuras, en buena medida gracias a la inacción mayoritaria en cuanto a defensa y reclamo de derechos perdidos por culpa de un silencio social abrumador, ahora salen a las calles rompiendo de forma figurativa y real con todo el despropósito que nos rodea. Pero lo peor, a mi entender, no es la descarada manipulación por parte de autoridades y medios de comunicación, los cuales responden ante los intereses de diversos holdings económicos más preocupados por el adormecimiento social que por cualquier tipo de cultura democrática, lo peor, incido, es el hecho de que gran parte de la ciudadanía compre el discurso de demonización ante aquellos valientes que, desesperados y viéndose sin un futuro cada vez peor, toman las calles haciendo uso de lo único que les queda: su voz.

La entrada en prisión de Pablo Hasél debería no tan solo inquietarnos, sino llamar la atención y ponernos en estado de alerta a todos y cada uno de nosotros. Este pasado sábado escuchaba las brillantes declaraciones del ex-magistrado del juzgado número 6 de Madrid, Ramiro García de Dios, juez al cual se apodaba mientras estuvo en activo como “el azote de la policía”. Don Ramiro afirmaba que en los últimos años se han procesado más personas por el delito de enaltecimiento del terrorismo, que durante todos los años en activo de los G.R.A.P.O y E.T.A.

Esta situación, demencial, se está viendo recrudecida, durante estos tiempos de pandemía, pues a las tristemente conocidas Ley de Seguridad Ciudadana, ley mordaza, y Ley de Seguridad Ciudadana Digital, ambas por cierto aprobadas por el PSOE junto al PP, se suma el toque de queda actual. Podríamos entrar aquí en un debate sobre la idoneidad o no de dicho toque de queda, aunque el foco realmente preocupante es el asimilamiento y validación social general en dichas políticas restrictivas en cuanto a la libertad de expresión.

Actualmente el estado español tiene más personas encarceladas por emitir opiniones artísticas que Turquía y China. Y no es que lo diga quien estas líneas escribe, es un hecho constatado por Naciones Unidas, o Amnistía Internacional, por poner algunos ejemplos.

Deberíamos reaccionar socialmente ante el desprestigio que tanto medios de comunicación como el propio gobierno de España, se efectúa ante quienes se manifiestan, tildándolos de vándalos malhechores cuyo único interés es el de romper todo cuanto encuentran a su alcance. Por cierto, por cuanto sé, disculpen mi ignorancia, siempre se ha tratado de tiendas de alto standing u oficinas bancarias. Tal vez deberíamos analizar el carácter simbólico de dichas acciones.

Y es que, evidéntemente, llevan a cabo una ruptura. Pero dicha ruptura es desesperada, frente a un sistema caduco, ráncio y agotado que se resiste a aceptar los vientos de cambio que reclaman aquellos a quienes supuéstamente deberíamos facilitarles un futuro esperanzador. Y no disponen ni dispondrán, al paso que vamos, ni de esperanza, ni de futuro.

Estas pasadas semanas, si la memoria no me falla, el actual Jefe de estado español, comentaba en un desayuno con empresarios, la importancia y la necesidad de defender la libertad de expresión en España. Esta situación triste e hilarante es tan solo uno de los ejemplos que explican y justifican todas las manifestaciones que estamos viendo estos días. ¿En serio podemos comprar dicho discurso por parte de la casa real, como una verdadera preocupación o tal vez deberíamos interpretarlo como otra nueva muestra de ejercicio de poder autoritario? Que cada uno saque sus propias conclusiones, tan solo quisiera recordarles cuan maltrecha está ya la imágen de la monarquía fuera del país, algo que parece que se estén ganando por méritos propios.

Quisiera recordar antes de terminar, que Lluis Llach, afortunadamente, no sufrió encarcelamiento tras escribir “L’Estaca”, en plena dictadura franquista, algo que tal vez no todo el mundo sepa, mientras que Pablo Hasél haciendo uso de su supuesta libertad de expresión artística, sí lo ha sido exprimiendo y retorciendo la lectura e interpretación abierta del artículo 578 del actual Código Penal español, aduciendo a delitos de enaltecimiento del terrorismo. Les recuerdo, un delito se consagra no por hacer o no llamamiento al mismo, sino por la capacidad tácita y real de que dicha persona disponga de una fuerza real para con la culminación final y efectiva del mismo.

Así, y ya para finalizar, termino con una ingenua esperanza y un enorme temor real. La primera, que frente a la actual realidad represiva surja un movimiento social pacífico pero contundente, que exija y obligue al gobierno a dar marcha atrás, bien con amnistías, tanto así como con una reforma legal que rectifique el despropósito al cual estamos asistiendo. El segundo, por desgracia, constatará un recrudecimiento en las actuaciones policiales, con el apoyo y beneplácito gubernamental, algo que mostrará, aún más el alejamiento y desconocimiento entre quienes gobiernan y quienes sufren. Pero cuidado, quisiera dejar clara mi reflexión. En la actual situación de pandemia, la capacidad de aguante social menguará cada vez más. No quieran señores políticos seguir tirando de la cuerda, pues tal y como nos cantaba LLach: “Si tu l’estires fort per aquí i jo l’estiro fort per enllà, segur que tomba, tomba, tomba, i ens podrem alliberar…”

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